MUNDOS INTIMOS Crear, más allá de los obstáculos

ARTICULO EN AGRADECIMIENTO A NICOLÁS PARRILLA
No son pocos los casos donde grandes artistas llevaron a cabo una profesión más allá de alguna discapacidad o enfermedad que influía directamente en su trabajo.
Sufrir una discapacidad, falta o disminución en cualquiera de los cinco sentidos, puede resultar determinante en todos los aspectos de quien la padece, modificando o directamente eliminando rutinas, movimientos o actividades. Sin embargo, existen casos en que la fuerza de superación es mayor, y la falta no es un impedimento para llevar a cabo alguna actividad que esté directamente relacionada con ella. Muchas veces, esta particularidad puede elevar a la persona a otros niveles con respecto a la actividad que desarrolle, ya que cuando falta un sentido, se potencian los demás.“Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría / de Dios que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche”. El comienzo del reconocido “Poema de los dones”, escrito por Jorge Luis Borges, y publicado en su obra “El hacedor” de 1960, describe de manera desgarradora la ceguera que sufrió uno de los autores más destacados de la literatura universal del siglo XX. Ceguera que llevaba en su linaje familiar (su padre, su abuela materna y su bisabuelo se habían quedado ciegos, a causa de una retinopatía grave, de origen diabético) pero que no le impidió escribir (y leer) algunas de las páginas más importantes de las Letras argentinas.

Borges fue perdiendo la vista lentamente, a lo largo de un proceso que duró más de cinco años, y que claramente influyó en su obra, que no hubiese sido la misma sin las sombras y penumbras que lo rodeaban. “Esta penumbra es lenta y no duele; / fluye por un manso declive / y se parece a la eternidad. / Mis amigos no tienen cara, / las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años / las esquinas pueden ser otras, / no hay letras en las páginas de los libros. / Todo esto debería atemorizarme, pero es una dulzura, un regreso”, escribió en el poema “Elogio de la sombra” (1969).

Sin embargo, Borges no fue el único que perdió la visión en medio de hojas leídas y escritas. Coincidió no sólo en la ceguera, sino también en la dirección de la Biblioteca Nacional con dos autores a quien admiraba: José Mármol, poeta y narrador perteneciente al romanticismo antirrosista, director entre 1858 y 1871; y Paul Groussac, escritor e historiador franco-argentino, quien la dirigió entre 1885 y 1929. Desde su conocida humildad, Borges alguna vez afirmó sobre ellos que Groussac “había honrado la literatura con libros superiores a los míos”, y resaltó en Mármol que “haber legado la imagen de una época (se refería a la de Rosas) no es escasa gloria; ojalá yo pudiera contar con una parecida”.

Otro gran maestro que tuvo que desarrollar su profesión llevando la carga de una discapacidad fue Ludwig van Beethoven, uno de los compositores más importantes de la historia de la música, y cuyo legado ha influido de forma decisiva en la música universal, quien en su juventud empezó a perder poco a poco su audición. Poco después de presentar su Primera sinfonía, Beethoven comenzó a notar los primeros síntomas de su sordera, que finalmente tendría un fuerte impacto en el estilo de sus composiciones.

En un principio, la pérdida de la audición comenzó por las notas más agudas, por lo tanto, empezó a utilizarlas menos, y tendió a componer principalmente con notas bajas y medias. Su sordera, a diferencia de muchos músicos, no fue causada por su actividad, sino por una enfermedad, aunque existen varias hipótesis al respecto. La mayoría de los estudios apuntan a una inflamación de los intestinos, aunque otros señalan la sífilis como la causante. La discapacidad evolucionó muy rápidamente, y en menos de 10 años, Beethoven quedó totalmente sordo.

En cartas enviadas a su amigo Franz Wegeler en 1801, el compositor evidenciaba el sufrimiento que le causaba la sordera: “Por dos años, he evitado casi toda reunión social, porque me es imposible decirle a la gente ‘hable más fuerte, estoy sordo’. Si yo perteneciera a cualquier otra profesión esto sería más fácil, pero en la mía el hecho es algo aterrador”. En 1817, hizo construir un piano con cuerdas más tensas, y a partir del año siguiente, cuando la dificultad ya era muy importante, comenzó a usar cuadernos en los cuales sus amigos y visitantes podían escribir lo que querían comunicarle, o preguntarle lo que deseaban saber, que luego fueron conocidos como los famosos “Cuadernos de conversación”.

Vete leyendo: “Cuando era un chico casi ciego jamás pensé que sería fotógrafo”. Por Dani Yako.

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